martes, 12 de agosto de 2008

Felicidades a Benedicto

En estos últimos días y en el transcurso de poco tiempo hemos celebrado el cumpleaños de nuestro querido Papa Benedicto XVI y el II aniversario de su Pontificado, ello ha sido motivo de alegría para los hijos que le queremos y creemos en él.

El pensamiento y deseo de nuestro santo Padre, y según había manifestado a nuestro inolvidable Juan Pablo II era que le dejara retirarse a su ciudad natal, dada su edad para descansar y poder dedicarse a su gran afición, la música; pero sus deseos eran muy opuestos al querer del Altísimo: ese descansar se iba a convertir en tener que ofrecer su persona para poseer la más alta dignidad eclesial de nuestra religión católica (el sucesor de San Pedro). Cómo difieren a veces nuestros pensamientos y deseos de lo que Dios tiene designado para cada uno de nosotros.

Esta carta que hoy escribo es una felicitación pública que hago a la entrega y generosidad de este pequeño gran hombre que es nuestro querido Papa y al que tenemos que ofrecer nuestra obediencia, agradecimiento y cariño y por eso hago resaltar las peticiones que nos viene haciendo y de las que espera nuestra correspondencia.

Una muy importante es que sepamos manifestar nuestra fe públicamente, ese tesoro, ese don tan inmenso que el Señor infunde en nuestras almas no puede estar escondido, tiene que salir fuera de nosotros para que se difunda y se propague como se propaga el fuego.Nuestro mundo actual necesita el testimonio de nuestro cristianismo, de nuestro obrar de acuerdo con el querer de Dios. También el Papa nos advierte intensamente sobre el relativismo en que vive nuestra sociedad, tenemos que prepararnos en algún monmento de nuestro día y mirar nos interiormente y saber discernir entre el bien y el mal; que no todo vale, no vivir siempre satisfaciendo nuestros deseos y placeres humanos y no saber sacrificarnos cuando sea necesario para el bien común; vivir la fraternidad procurando la paz en nuestros corazones y evitar tanta violencia que desgraciadamente hoy está tan extendida en nuestro mundo.

En una palabra, a lo que tenemos que aspirar es llegar al conocimiento de la verdad

Todas estas cosas y alguna más nos está pidiendo el Papa y lo hace insistentemente.

Procuremos complacerle y ayudarle en esa gran carga que el Señor ha puesto sobre sus hombros. Él nos lo pide y espera de sus fieles hijos una generosa respuesta, teniendo en cuenta que el bien que le hagamos a él nos lo estamos haciendo a nosotros mismos, pues nuestro deseo como buenos católicos, es que la espiritualidad de la Iglesia se manifieste y se viva en todos los ambientes. Que sea siepre el amor el que acompañe nuestro corazones, ese amor que siempre procede de la infinita bondad y misericordia de Dios.

Dolores Arana

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