martes, 12 de agosto de 2008

El nuevo paganismo

Sr. Director:

Es obvio que no me ha dejado tranquila ni con alegría, las palabras que he leído en este periódico, pronunciadas por el Santo Padre Benedicto XVI, en la apertura del sínodo de los obispos, con motivo de la clausura del “año de la eucaristía”, que nuestro inolvidable Juan Pablo II inauguró, con el deseo de dar el realce que se merece este sacramento del amor, la “Sagrada escritura” y también para que todos nosotros, nos beneficiemos de los dones y gracias que conseguiríamos por este motivo, algo que realizó por el gran amor, aunque como gran padre, nos tenía; pero yo fijándome en la situación actual de nuestra sociedad en nuestra espiritualidad tristemente tengo que reconocer que muchas almas no sabrán aprovechar. De todas las gracias, por rechazo, olvido o ignorancia.

También me ha encogido el corazón cuando el Papa nos dice en ese comunicado, que el hombre actual no cree en nada y se deja arrastrar por el paganismo y en realidad esto es lo que está sucediendo.

Si observamos el mundo que nos rodea, y yo me voy a referir a lo que mas conozco, a España, vemos en ella , una vida de placer, de disfrute, de comodidad, de conformismo, alejándose de todo o que suponga sacrificio, se han olvidado todos los valores espirituales incluso los más elementales, que es lo que contribuye a que las personas no introduzcan en la sociedad las virtudes humanas y sobrenaturales que son las que ayudan a esta sociedad sea más humana, más coherente, conviva en paz y con responsabilidad del bien común, influyendo de una manera eficiente en la familia, algo tan deteriorado en la sociedad y no olvidemos que la familia es el sustento y el apoyo de la sociedad.

Estamos viviendo al margen de Dios, nuestro creador, Él no cuenta para nada en nuestras vidas y esto es algo que contribuye a que estemos construyendo un desorden total.

Contemplamos nuestro vivir diario: enfrentamientos, asesinatos dentro del matrimonio, delincuencia juvenil, desastre en la juventud por el consumo de drogas y alcohol, a veces, con consecuencias realmente trágicas, violencia en centros educativos y también entre alumnos y tantas y tantas cosas que enturbian y torturan nuestra forma de vida, destruyendo nuestra sociedad y lo peor es que nos estamos destruyendo a nosotros mismos.

Ante tanto conflicto que tenemos que soportar seamos ecuánimes, mirémonos interiormente, abramos nuevos horizontes y pongamos nuestra vida y nuestras ansiedades en algo más elevado: en Dios nuestro Señor. Pensar en Él, vivir su vida y obrar de acuerdo con lo que nos pida, dándonos cuenta que Él únicamente es el que dirige nuestras vidas. Él es el que nos ama con su amor infinito que nos salva con su dolorosa redención.

Tengamos la valentía de manifestar públicamente nuestro sentir y pensar cristiano que es lo que nos está pidiendo con su gracia nuestro querido Papa Benedicto XVI.

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