martes 7 de octubre de 2008

Pensamiento

Señor, cuánta tristeza se vive hoy en la Tierra; queremos saciarnos con el placer del mundo, pero es algo fátuo que pasó enseguida y nos deja entristecidos, porque terlo es simplemente corporal, no alimenta para nada las necesidades del alma: la acción de Dios en nosotros.
Cuánta tristeza Dios mío.- por tantos sagrarios que no se abren para que podamos contemplar esa pequeña Hostia, que contiene la presencia de todo un Dios y que por esa apatía y abandono, tus hijos se están olvidando de ti. No saben que todo un Dios les está esperando, para que le cuenten sus fatigas, sus ansiedades, sus dolores y todo aquello por lo que sufren.
Cuánta tristeza Dios mío.- porque no saben agradecerte el que te has quedado con nosotros, para que te recibamos en nuestras almas con piedad y amor y las llenes de tu gracia y te alabemos por ello con nuestra oración y nuestra compañía junto a ti.
Cuánta tristeza Dios mío.- porque el abandono de la oración y el no acudir a tu lado, nos ha hecho olvidar Getsemaní, la antesala de aquella Pasión que iba a padecer tu Divino Hijo, para manifestarnos el infinito amor que nos tiene a todos y cada uno de tus hijos, no en masa, sino individualmente, pues piensas, nos conoces y nos amas uno a uno en cada momento.
Cuánta tristeza Dios mío.- porque este abandono está poniendo en peligro el poder alcanzar esa Bienaventuranza eterna que nos prometes. Si en la vida terrena queremos estar a tu lado, queremos seguirte y te recordamos por el amor que con tanta generosidad pone en nuestro corazón. Él está ansioso de nosotros y es tanta su bondad que solamente un "Dios mío" que de verdad salga de nuestro corazón nos lo agradece infinitamente pues todo lo que sale de Él es infinito. Perdona Señor por todo esto a este mundo que está despreciando las gracias, que con tanto dolor y amor, Tú, Jesús querido, nos conseguiste.

De la vida de la gracia de Juan Francisco Pozo

El fruto del trato con Dios de la auténtica vida interior, se manifiesta en toda la vida de la persona: en su unidad, en su trabajo, en su alegría, etc. Sin cambiar nada por fuera, se trata de un nuevo modo de pisar en la Tierra, un modo divino, sobrenatural, maravilloso. Quizás nos gustara paladear por nuestra cuenta: ¡que vivo porque no vivo! : que es Cristo quien vive en mi.
Se ora como se vive, porque se vive como se ora. El que no quiere actuar habitualmente según el Espíritu de Cristo, tampoco podrá orar habitualmente en su nombre.
La vida ordinaria queda iluminada con las luces divinas, se descubren nuevos panoramas de santificación en el trabajo, en la convivencia, en el modo de afrontar las dificultades. Dios nos espera cada día. Sabedlo bien; hay un algo santo divino escondido en las situaciones más comunes que toca a cada uno de vosotros descubrir y se advierte con claridad que vale la pena luchar por conseguirlo.
Pero a la vez que se perciben esos brillos divinos, se levantan también de polvo, dificultades de diverso tipo (desencantos), vacilaciones, experiencia del desorden de las pasiones, etc. Que parecen hacer más lejana la meta. La inclinación al mal y la resistencia al bien se conocen en su justa dimensión cuando se busca de verdad la santidad.
¿Cómo podemos superar los inconvenientes? ¿Cómo lograremos fortalecernos en aquella decisión que comienza a parecernos muy perioda? Inspirándonos en el modelo que nos muestra la Virgen Santísima, nuestra Madre; una ruta muy amplia, que necesariamente pasa a través de Jesús.
De la vida de la gracia de Juan Francisco Pozo

miércoles 10 de septiembre de 2008

Encíclica Veritatis splendor de Juan Pablo II


Moral y nueva evangelización

La evangelización es el desafío más perentorio y exigente que la Iglesia está llamada a afrontar desde su origen mismo. En realidad, este reto no lo plantean sólo las situaciones sociales y culturales, que la Iglesia encuentra a lo largo de la historia, sino que está contenido en el mandato de Jesús resucitado, que define la razón misma de la existencia de la Iglesia: «Id por todo el mundo y proclamad la buena nueva a toda la creación» (Mc 16, 15).



El momento que estamos viviendo —al menos en no pocas sociedades—, es más bien el de un formidable desafío a la nueva evangelización, es decir, al anuncio del Evangelio siempre nuevo y siempre portador de novedad, una evangelización que debe ser «nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión» (*). La descristianización, que grava sobre pueblos enteros y comunidades en otro tiempo ricos de fe y vida cristiana, no comporta sólo la pérdida de la fe o su falta de relevancia para la vida, sino también y necesariamente una decadencia u oscurecimiento del sentido moral: y esto ya sea por la disolución de la conciencia de la originalidad de la moral evangélica, ya sea por el eclipse de los mismos principios y valores éticos fundamentales. Las tendencias subjetivistas, utilitaristas y relativistas, hoy ampliamente difundidas, se presentan no simplemente como posiciones pragmáticas, como usanzas, sino como concepciones consolidadas desde el punto de vista teórico, que reivindican una plena legitimidad cultural y social.




(*) Discurso a los Obispos del Celam (9 marzo 1983), III: Insegnamenti, VI, 1 (1983), 698.

viernes 29 de agosto de 2008

Apoyo al Papa

Carta publicada en el diario digital La verdad el 2 de octubre de 2006

Quiero, con esta carta, unirme al Santo Padre en su dolor y pena, por los tristes acontecimientos que están surgiendo en estos días con motivo de una conferencia que pronunció en una universidad de Alemania, país que ha visitado en estos días.

Están surgiendo enormes protestas islámicas por las palabras del Santo Padre, que han sido mal interpretadas. Esto me entristece enormemente, pues va en contra del mensaje que nos trajo Jesucristo cuando vino a la Tierra; nos traía la paz a todos los hombres de buena voluntad, y fue lo que predicó, durante el tiempo que sembró su palabra. Es la paz en nuestros corazones, lo que predicó entonces y nos pide ahora. Si es triste la reacción islámica, lo es mucho más las voces que se oyen en contra del Santo Padre en Occidente.

Venimos arrastrando, hace ya algún tiempo, un comportamiento ajeno al querer de Dios, se ha empobrecido el ideal cristiano; nos hemos despojado de esa jerarquía de valores, que nos hacen ser consecuentes con nuestra fe y por la que, indudablemente, tenemos que dar a la vida un sentido sobrenatural y que nuestra dignidad se centre en que somos hijos de Dios.

Estamos obrando sin pensar, nos dejamos llevar por la comodidad, el individualismo, el goce y el placer, de lo que no queremos prescindir, aunque con ello tengamos que renunciar e, incluso, renegar de nuestra tradición y nuestras raíces cristianas.

Es triste tener que hacer todos estos comentarios, pero es la total realidad, y de todos estos conflictos que estamos viviendo actualmente, ya ha habido una persona que se ha llevado la mejor parte: la religiosa asesinada, misionera en Somalia. Llevaba 40 años sirviendo al Señor con su mayor entrega y generosidad, y en unos instantes, sin esperarlo, se ha encontrado en los brazos de Nuestro Señor y le ha dicho: «Ven, bendita de mi Padre, a poseer el Reino que tengo preparado».

También tenemos que lamentar la muerte de otra persona que la acompañaba.

¿Ojalá pudiésemos oír todos los mortales esas palabras de Jesús que ha oído la monja! En nuestras manos está y es lo que Dios Nuestro Señor está deseando, para todos nosotros.

domingo 17 de agosto de 2008

Santa María, Madre de la divina gracia

Santa María, Madre de la gracia divina

Virgen María, todas las gracias que se comunican a este mundo tiene un triple proceso siguiendo un orden altísimo, se comunican por Dios a Cristo, por Cristo a María y por María a nosotros. Es esta una, entre otras manifestaciones de la inmensidad de amor de Dios hacia María y hacia nosotros, porque poner toda la riqueza sobrenatural en manos de una madre como la suya es garantizar en todo el mundo que hallará siempre acogida en los cielos si acude filialmente a la Virgen Santa. Si es inevitable que Dios sea infinitamente justo, lo es igualmente que la Madre de Dios sea indefectiblemente misericordiosa. Administradora de Cristo, dispensadora de todas las divinas gracias. Nos hallamos ante la sabiduría divina en un extremo más amable para la criatura necesitada de comprensión, compasión, perdón, salvación y elevación a la vida de Dios.

Del libro iniciación a la Mariología
Antonio Orozco

Palabras de Benedicto XVI

Palabras de Benedicto XVI

“Quiero referirme a los abuelos, tan importantes en las familias. Ellos pueden ser y lo son tantas veces, los garantes del afecto y la ternura que todo ser humano necesita dar y recibir.

Ellos san a los pequeños la perspectiva del tiempo, son memoria y riqueza de las familias. Son un tesoro que no podemos arrebatarles a las nuevas generaciones, sobre todo cuando dan testimonio de fe ante la cercanía de la muerte.”

Pensamiento

Pensamiento

Nuestra vida no es tanto “existir” sino “ser”, precisamente porque Dios está en ella.

Todos los Santos grandes testigos concuerdan en la importancia del presente. Para mí el presente es el amor.

En la ancianidad el trabajo disminuye pero el amor crece siempre.

El misterio de la muerte y de la vida, la cruz y la resurrección son la clave para comprender las Escrituras y con ella la vida de la Iglesia.