
20 de noviembre de 2006
Felicidades al párroco de El Escorial por su devoción y entusiasmo que contemplé en la celebración de la Eucaristía.
Reverendo padre, perdone mi atrevimiento al dirigirme a usted sin tener el gusto de conocerle aunque creo que a pesar de no haber coincidido nunca ni habernos dirigido ni una sola palabra si creo haberle conocido en el amor a Dios.
Soy una persona mayo e imposibilitada para asistir al santo sacrificio de la Misa, por eso tengo que hacerlo a través de la televisión.
El domingo día 25, contemplé la que usted ofició y le escribo para felicitarle, por el amor, la ternura, y la devoción con que usted realizó el sacrificio de Jesucristo. Desgraciadamente, hacía mucho tiempo que no contemplaba tanta entrega y tanto sentimiento al traer a Jesús a la tierra.
Aquellos momentos que usted dedicó a adorar, primero a la sagrada hostia y luego al cáliz, una vez consagrados, me edificaron de verdad y creo que en esos instantes para usted desapareció todo y solo estaba el Señor a su lado. Sus ojos cerrados me lo confirmaban.
Me gustó mucho su homilía y el énfasis que puso en ella. Es cierto que hace 50 años, reinaba Cristo en el corazón de los católicos, pero hoy la “católica España” ha desaparecido, porque la hemos abandonado; lo que prima ahora es el individualismo del que nos habla el Santo Padre, el placer y el bienestar; hemos puesto el corazón en ello, y se pasa sin temor alguno, el enorme número de abortos y tantas y tantas inmoralidades que se están legalizando en España sin que todo esto viera el sentido cristiano y sobrenatural que hemos de dar a nuestra vida.
Las personas mayores como yo y que no se hayan dejado arrebatar por esta vorágine, hemos tenido que sufrir mucho pues nos cogió el post-concilio con la cantidad de errores que surgieron y desgraciadamente en la actualidad, tenemos q volver a encontrarnos con ellos.
Nuevamente le vuelvo a pedir perdón con el envío de esta carta pero es verdad que o ha pedido mi corazón, en el que quiero que reine el Señor.
Que el Señor le bendiga por su buen ejemplo y a usted con todo respeto me bendiga a mi.
Dolores Arana Gudiel
Se me olvidaba otro detalle, ¿cómo supo poner a Jesús junto a su corazón y la bendición que dio a los seglares cuando se la entregó, para que también la repartieran ellos?.
Felicidades al párroco de El Escorial por su devoción y entusiasmo que contemplé en la celebración de la Eucaristía.
Reverendo padre, perdone mi atrevimiento al dirigirme a usted sin tener el gusto de conocerle aunque creo que a pesar de no haber coincidido nunca ni habernos dirigido ni una sola palabra si creo haberle conocido en el amor a Dios.
Soy una persona mayo e imposibilitada para asistir al santo sacrificio de la Misa, por eso tengo que hacerlo a través de la televisión.
El domingo día 25, contemplé la que usted ofició y le escribo para felicitarle, por el amor, la ternura, y la devoción con que usted realizó el sacrificio de Jesucristo. Desgraciadamente, hacía mucho tiempo que no contemplaba tanta entrega y tanto sentimiento al traer a Jesús a la tierra.
Aquellos momentos que usted dedicó a adorar, primero a la sagrada hostia y luego al cáliz, una vez consagrados, me edificaron de verdad y creo que en esos instantes para usted desapareció todo y solo estaba el Señor a su lado. Sus ojos cerrados me lo confirmaban.
Me gustó mucho su homilía y el énfasis que puso en ella. Es cierto que hace 50 años, reinaba Cristo en el corazón de los católicos, pero hoy la “católica España” ha desaparecido, porque la hemos abandonado; lo que prima ahora es el individualismo del que nos habla el Santo Padre, el placer y el bienestar; hemos puesto el corazón en ello, y se pasa sin temor alguno, el enorme número de abortos y tantas y tantas inmoralidades que se están legalizando en España sin que todo esto viera el sentido cristiano y sobrenatural que hemos de dar a nuestra vida.
Las personas mayores como yo y que no se hayan dejado arrebatar por esta vorágine, hemos tenido que sufrir mucho pues nos cogió el post-concilio con la cantidad de errores que surgieron y desgraciadamente en la actualidad, tenemos q volver a encontrarnos con ellos.
Nuevamente le vuelvo a pedir perdón con el envío de esta carta pero es verdad que o ha pedido mi corazón, en el que quiero que reine el Señor.
Que el Señor le bendiga por su buen ejemplo y a usted con todo respeto me bendiga a mi.
Dolores Arana Gudiel
Se me olvidaba otro detalle, ¿cómo supo poner a Jesús junto a su corazón y la bendición que dio a los seglares cuando se la entregó, para que también la repartieran ellos?.
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