Publicada el 22 de agosto de 2006 en El Diario Montañés en contra del acto celebrado en la U.I.M.P que blasfemaba contra la Iglesia Católica y la persona de Nuestro Señor Jesucristo.
Señor director:
En estos momentos en que me dirijo a ese periódico, que Ud. dignamente dirige, me encuentro con una gran pena, tanta es, que con mucha humildad, le digo, que me ha hecho llorar y he llorado, porque amo con toda mi alma a la Iglesia Católica.
¿Cuál ha sido el motivo? El motivo ha sido, un artículo publicado el día 11 de agosto, con la noticia de que en la prestigiosa U.I.M.P. se ha celebrado un acto, en el que se blasfema contra la Iglesia Católica y la persona de Nuestro Señor Jesucristo; algo que ha dado lugar a la protesta del Obispado, y lo que ha terminado de entristecerme aún más, es la postura que ha tomado dicha Universidad, alegando, que ella esta abierta a todas las orientaciones, incluso, por supuesto a las de carácter religioso.
Cierto es, que todos los temas cuando son nobles, se pueden tocar, pero una cosa es hablar y otra muy distinta es ofender, mentir, insultar y blasfemar contra una religión, en este caso contra la Iglesia Católica. Eso fue lo que pasó, en ese acto dirigido por Lucia Etxebarría y titulado, «Taller de escritura», celebrado aproximadamente hacia el día 9 - 10 de agosto.
Ante esta injusticia, tengo que escribir esta carta, pues mis creencias religiosas y mi amor a la Iglesia Católica, me obliga a ello. Tengo la enorme necesidad de protestar, y lo hago en la forma que ahora encuentro más oportuna, quiero, por encima de todo, dar testimonio público de ese tesoro que llevo dentro de mí, que es la Fe.
Parece increíble, que en la naturaleza humana, haya mentes tan retorcidas. Últimamente, tenemos que estar escuchando con mucha frecuencia, voces de mofa y mentira en lo acontecido en La Ultima Cena de Jesús con Los Apóstoles; precisamente en los momentos más sublimes de su Vida, cuando se entregó a todos sus hijos totalmente y nos amó hasta el extremo.
Ante tanta insistencia que hay actualmente de relatar este hecho, siempre lleno de mentiras e infamias, yo me hago una pregunta. ¿Es verdad, que estas personas no crean en la Verdad, o es que sienten odio hacia algo que quisieran borrar de la historia? Mi respuesta ante esto es que únicamente Jesús conoce y sabe lo que existe en el fondo de sus corazones, y pido para que El Señor les acoja en su infinita misericordia.

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